Esto es lo que nuestro equipo sobre el terreno ha hecho y visto estas dos últimas semanas.



El agua potable sigue siendo la necesidad más acuciante
El agua potable ha sido una de las necesidades más urgentes desde el primer día. En colaboración con nuestras organizaciones asociadas Wine to Water e IsraAid, nuestros equipos han instalado sistemas de filtración de agua e impartido formación en iglesias que se han convertido en refugios, incluida una parroquia de Playa Grande, donde los filtros y un camión cisterna proporcionan ahora a las familias un acceso fiable al agua potable durante los próximos meses.



Esa labor se ha extendido por toda la región:
- Cinco depósitos de agua de 90 litros abastecen ahora a unos 180 residentes desplazados que se han refugiado en el Estadio Campitos, un antiguo campo de béisbol convertido en un campamento de tiendas de campaña.
- En el Centro Cristiano para la Familia, un antiguo campo de fútbol que da cobijo a más de 80 personas, dos grandes depósitos cubren ahora las necesidades diarias de higiene.
- En Naiguatá, los sistemas de filtración instalados en la iglesia de San Francisco de Asís abastecen ahora a cerca de 4.300 familias que utilizan la iglesia como refugio y centro de distribución.
- Los líderes locales de Naiguatá colaboraron en la distribución de filtros, que llegaron a más de 300 personas, y los vecinos se comprometieron a compartir el acceso entre ellos.
- En Los Corales, las familias que dormían al aire libre sobre esteras gastadas —después de que Ingrid y sus vecinos organizaran por su cuenta un sistema para dormir al aire libre— recibieron colchones nuevos junto con sistemas de filtración.
- Cerca de la iglesia de Carlos Sule, donde la escasez de agua municipal se ha prolongado hasta dos meses, las familias habían estado bebiendo agua del río. Como explicaba Luis, un albañil de la zona: hervirla no es suficiente —«después de beberla, nos duele el estómago y nos dan náuseas»—. Ahora, los nuevos depósitos y filtros de la zona protegen a más de 1.000 personas, muchas de ellas niños pequeños.
- En El Campito, donde residen unas 130 personas desplazadas, nuestro equipo regresó tras las fuertes lluvias para reforzar los sistemas de abastecimiento de agua, construyendo plataformas elevadas para proteger los depósitos de las inundaciones, al tiempo que continuaba con la distribución de filtros.
Un refugio que devuelve la dignidad
El desplazamiento ha obligado a tomar decisiones imposibles. Las familias están regresando a edificios estructuralmente inseguros solo para ducharse, cocinar o recuperar sus pertenencias. Nuestros equipos se han centrado en subsanar esa carencia:
- En Mare Abajo, La Guaira, Vanesa y su familia, que compartían una única tienda de campaña con otra familia tras la destrucción de su piso, disponen ahora de una ducha exterior segura y accesible que nuestro equipo ha construido in situ.
- En La Guaira, hemos instalado estructuras de sombra y duchas más seguras en los espacios comunes, lo que ha reducido los riesgos de seguridad a los que se enfrentan las familias al caer la noche.
- En la Cancha de la Paz, en Playa Grande, repartimos pañales y productos de limpieza para ayudar a las familias a mantener higienizados los espacios comunes del albergue.
- En San Juan, en Caraballeda, un centro de acogida que alberga a 40 familias, entre ellas seis mujeres embarazadas, recibió filtros de agua, depósitos de almacenamiento y pañales.
- En una pista deportiva que acogía a más de 100 personas, repartimos kits de higiene, productos de higiene menstrual, pañales y agua potable.


Llegar a comunidades a las que otros no han llegado
Algunos de los lugares más afectados son también los de más difícil acceso y los que más fácilmente se pasan por alto.
Caruao quedó totalmente aislada después de que los terremotos dañaran la carretera principal, lo que provocó el cierre de los comercios locales y dejó a las familias enfrentándose, prácticamente por su cuenta, a la escasez de alimentos y suministros. Entregamos directamente a la comunidad paquetes de alimentos para familias, pensados para durar un mes, junto con kits de higiene personal.
En lo más profundo de las montañas, las familias que se han refugiado en una escuela de Colonia Tovar han recibido poca atención del exterior y escasa cobertura mediática. Nuestro equipo ha estado sobre el terreno entregándoles las herramientas de reconstrucción que necesitan.


Impulsando la recuperación
La conectividad y la electricidad se han convertido en una forma de alivio en sí mismas. En la Asociación de Psicólogos de Venezuela, en Naiguatá, nuestro equipo instaló un sistema Starlink para que los psicólogos locales que prestan apoyo fundamental en materia de traumas y trastorno por estrés postraumático (TEPT) a los supervivientes del terremoto dejaran de perder horas debido a problemas de coordinación y pudieran centrarse en las personas que tienen delante.
En El Campito, el proyecto Footprint nos ayudó a instalar Starlink y paneles solares, lo que permitió restablecer las comunicaciones y el suministro eléctrico para las aproximadamente 130 personas que se refugian allí, donde también servimos 200 comidas al día desde un centro comunitario reconvertido.
Y a Gilbert Hernández, un ingeniero civil que vino a echar una mano durante dos días y se quedó más de dos semanas colaborando con las familias locales en la limpieza de las zonas afectadas por la catástrofe, le proporcionamos generadores, lo que permitió mantener cargados los teléfonos y los equipos en barrios que seguían sin suministro eléctrico.
Dotar de recursos a las personas que realizan el trabajo
La recuperación depende de que la gente acuda cada día, y para ello necesitan material adecuado.
Nuestros socios de Aid for Life donaron material de búsqueda y rescate al equipo de Protección Civil de Trujillo, en La Guaira, material que se utilizó a los pocos días para ayudar a salvar vidas. En Táchira, entregamos botas y tiendas de campaña al personal de Protección Civil, además de lámparas solares para iluminar las zonas de duchas y una tienda médica nocturna. En el estado de Mérida, entregamos herramientas, duchas, filtros de agua y un generador al refugio que albergaba a los voluntarios de búsqueda y rescate, entre ellos Richard Andara, un voluntario de 40 años que pasó de buscar entre estructuras derrumbadas a repartir comida, medicinas y suministros en su comunidad.
En el hospital de campaña de la Universidad Central de Venezuela en Playa Grande y en el campamento hospitalario de su campus de Caracas, los estudiantes de medicina están repartiendo kits de higiene ecológicos, donados por la Fundación WASH, directamente a los pacientes que acuden a las revisiones médicas.
Y recientemente, nuestros equipos recibieron 19 palés de material gracias a Tool Bank, Hilti, Planet Water, Amazon, Airlink y un transporte aéreo de la Fuerza Aérea y los Marines de EE. UU.: 1.100 palas y herramientas manuales, dos AquaCubes y cuatro AquaTowers para agua potable, así como martillos rompeconcreto, sierras y taladros, lo que permitirá una retirada más rápida de los escombros y más agua potable para las familias de La Guaira y Caraballeda.

La comunidad que avanza por sí misma
Cada entrega es, en realidad, una historia sobre las personas que la reciben. Freddy trabajó durante años en la construcción en La Guaira antes de los terremotos; al ver cómo sus amigos le pedían ayuda que él no podía ofrecerles, nos dijo: «Ojalá fuera un superhéroe». Los vecinos de Naiguatá tienen pensado compartir entre ellos sus nuevos filtros de agua. En Los Corales, Ingrid organizó a sus propios vecinos para crear un sistema de alojamiento compartido y de alojamiento al aire libre antes de que llegara cualquier ayuda externa.
Esa es la tónica común en todos los lugares que hemos visitado: las comunidades ya se están organizando, compartiendo y reconstruyendo por sus propios medios. Nuestra labor consiste en apoyarlas proporcionándoles el agua, el refugio y las herramientas que lo hagan posible.


Marca la diferencia
Apenas estamos en los inicios de esta respuesta, y las necesidades no dejan de crecer. Vuestro apoyo nos permite seguir estando presentes, trabajando codo con codo con las comunidades, respaldando las iniciativas locales y haciendo todo lo que esté en nuestra mano en las próximas semanas para ayudar a las familias a recuperarse.
Gracias por tu apoyo.






