El trayecto hasta El Cairo dura unas tres horas desde nuestro campamento base en Pereira. Durante la mayor parte del recorrido, la carretera serpentea cuesta arriba por las montañas del Valle del Cauca, mientras la ciudad va desapareciendo poco a poco a tus espaldas. La carretera se estrecha, la niebla va ganando terreno y el verdor se vuelve casi abrumador. Para cuando llegas, te das cuenta de algo importante: esto está muy lejos.
Entonces, en algún punto de esa carretera sinuosa, nos encontramos con nuestra primera señal de advertencia. Una casa solitaria se alzaba en la ladera de la montaña, rodeada de vegetación, con una sola palabra pintada en sus paredes con enormes letras rojas: «PELIGRO». No era un letrero de bienvenida. Más bien parecía una advertencia de lo que nos esperaba más adelante.


Cuando llegamos a El Cairo, las señales eran imposibles de pasar por alto: casas dañadas, escombros, restos, espacios vacíos donde antes se alzaban partes de viviendas. Y, curiosamente, soledad. No porque no hubiera gente alrededor. La había. Pero casi todas las personas que veíamos parecían ser de El Cairo y estaban ayudando a otra persona de El Cairo.
Vecinos que ayudan a vecinos. Familias que ayudan a familias. Gente que se pone manos a la obra para reconstruir lo que el terremoto les había arrebatado.
El Cairo estaba cerca del epicentro, pero la destrucción no fue uniforme. Algunas casas seguían en pie, con sus hermosas y coloridas fachadas prácticamente intactas. Y detrás de esas fachadas se escondía otra historia.
La construcción tradicional de la región suele basarse en materiales como el bambú, el barro, la piedra y otros materiales disponibles en la zona. Lo que desde fuera parece sólido puede ocultar graves daños estructurales en su interior, lo que quizá sea la razón por la que estas estructuras siguen en pie hasta hoy. Ese contraste se me quedó grabado.
Paredes preciosas. Hogares frágiles.
En medio de todo esto, los habitantes de El Cairo hacían lo que podían con los medios de que disponían. Durante nuestra visita, nos reunimos con socios locales que han estado trabajando directamente con la comunidad, ayudando a estabilizar las viviendas dañadas, restablecer el suministro eléctrico, poner en marcha un banco de alimentos y una cocina comunitarios, y habilitar los aseos de un albergue que acoge a unas 120 personas, entre ellas 22 niños.
No se trata de operaciones de rescate espectaculares. No hay helicópteros. Ni convoyes espectaculares. Ni máquinas gigantes que dominen el paisaje. A veces, la recuperación consiste simplemente en un grupo de personas que suben materiales por una colina. A veces consiste en arreglar un cuarto de baño. A veces consiste en restablecer el suministro eléctrico en una casa. A veces consiste en compartir una comida con alguien que necesita que le escuchen. Y a veces consiste en un agricultor que ayuda a su vecino a reconstruir un muro.





Una de las cosas que más nos llamó la atención fue la importancia de la comunidad agrícola local. Una organización de agricultores locales desempeñaba un papel fundamental en uno de los bancos de alimentos de la localidad, convirtiéndose en una pieza clave de la red de apoyo a la población de la zona. Así es como puede ser la respuesta ante una catástrofe cuando uno se aleja lo suficiente de los titulares.
Personas que ayudan a personas
No hace falta presentar El Cairo como un lugar sin esperanza. Más bien al contrario. Es cierto que aquí hay daños. Hay incertidumbre. Queda un largo camino por recorrer. Pero también hay una cantidad increíble de conocimientos, cooperación y determinación ya presentes en la comunidad. El terremoto puede haber destrozado las casas, pero no ha destrozado a las personas que viven en ellas. Y quizá lo más importante que podemos hacer desde fuera no es llegar creyendo que sabemos cómo salvarlos. Es escuchar, apoyar a quienes ya están trabajando y asegurarnos de que el resto del mundo no se olvide de que siguen aquí.
Al fin y al cabo, El Cairo es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por una razón. El Cairo sigue en pie. Y ahora hay que reconstruirlo: ¡no te lo pierdas!
Marca la diferencia
La necesidad es cada vez mayor. Vuestro apoyo nos permite seguir estando presentes, colaborando con las comunidades, respaldando las iniciativas locales y haciendo todo lo que esté en nuestra mano durante las próximas semanas para ayudar a las familias a recuperarse.
Gracias por tu apoyo.






